
- El especialista en protección civil y rescate acuático subraya que la gestión integral del riesgo y el análisis de la cadena de errores son fundamentales para reducir las cinco muertes diarias por ahogamiento en México.
Por: Redacción
El ahogamiento es una tragedia cotidiana que cobra miles de vidas alrededor del mundo, pero está lejos de ser un simple accidente dictado por el destino o la mala suerte. Así lo advirtió el maestro Samuel Hernández, director operativo y de capacitación del Grupo de Enseñanza, Desarrollo e Investigación en Salvamento Acuático (GEDISA), durante su conferencia magistral titulada Gestión integral del riesgo aplicada al ahogamiento.
En su ponencia, el especialista en protección civil y gestión de emergencias desmitificó las percepciones populares sobre los incidentes acuáticos, argumentando que estos eventos fatales son, en realidad, el resultado de una suma de omisiones. Para Hernández, el enfoque no debe centrarse únicamente en la capacidad de rescate durante la emergencia, sino en el análisis exhaustivo de los procesos previos que desencadenan la fatalidad.
De la respuesta operativa a la prevención estratégica
Con años de experiencia como guardavidas en albercas y posteriormente en Protección Civil y Bomberos de Zapopan, Hernández relató cómo su visión profesional evolucionó. Al inicio de su carrera, su meta era esforzarse al máximo para evitar ahogamientos durante su turno de vigilancia. Sin embargo, pronto comprendió que la intervención reactiva es insuficiente.
“Faltaba algo. Salí del área operativa y empecé a enfocarme en ese proceso: ¿qué falta o qué más podemos hacer si ya hay gente ahí en el momento? Todo esto desencadenó la visión de ir más allá, antes de que sucedan las emergencias”, explicó el ponente.
Esta transición de pensamiento lo llevó a aplicar conceptos de la ingeniería y la seguridad laboral al salvamento acuático. Hernández hizo referencia a la popular “Ley de Murphy”, aclarando que no se trata de una maldición o de puro azar, sino del cálculo de probabilidades. Si un vaso se coloca en el borde de una mesa, la probabilidad de que caiga es mucho mayor. De igual forma, en los entornos acuáticos, el deber de los profesionales es analizar toda la cadena del proceso y eliminar o reducir los eslabones que propician el error humano, responsable de cerca del 95% de los incidentes en el ámbito de la seguridad.
El ahogamiento como falla sistémica
Uno de los argumentos centrales de la conferencia fue la redefinición del ahogamiento. Hernández fue categórico al señalar que la sociedad, e incluso algunos profesionales, perciben estos eventos desde paradigmas equivocados, asociándolos casi exclusivamente a espacios de gran profundidad como el océano o piscinas hondas.
“El ahogamiento no debe verse como un accidente inevitable. El ahogamiento se da por fallas sistémicas”, sentenció Hernández.
Esta falla ocurre cuando los sistemas de prevención, regulación, educación y supervisión no actúan de manera coordinada ni efectiva. El resultado es que un evento completamente prevenible termina en una lesión grave o en la pérdida de una vida.
Para sustentar su postura, el experto recurrió a las alarmantes cifras que enmarcan esta problemática. A nivel mundial, se estima que cerca de 300,000 personas mueren ahogadas anualmente. En México, la estadística oficial sugiere que cinco personas pierden la vida por esta causa cada día. Sin embargo, Hernández advirtió que estas cifras podrían estar subestimadas, especialmente en el contexto de desastres naturales, donde hasta el 75% de las muertes en inundaciones derivan de ahogamientos que no siempre se clasifican correctamente.
Riesgos urbanos y la falsa percepción de seguridad
Para ilustrar la complejidad de los entornos de riesgo, Hernández proyectó un video de una inundación urbana en donde la profundidad del agua era mínima, apenas cubriendo los tobillos de los transeúntes. Sin embargo, el peligro no radicaba en la cantidad de agua, sino en la nula visibilidad y en los factores externos, como cables de energía eléctrica sumergidos y alcantarillas abiertas. En el material audiovisual, varios jóvenes quedan inconscientes al entrar en contacto con agua electrificada tras acercarse a un poste.
Este ejemplo sirvió para introducir los conceptos técnicos del marco normativo de la Ley General de Protección Civil en México. Hernández explicó que el riesgo se compone de dos factores fundamentales:
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La amenaza: Una causa externa al sujeto (como una tormenta, una inundación o un cable caído).
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La vulnerabilidad: La capacidad o incapacidad de la persona o comunidad para visualizar y reaccionar ante dicho peligro.
El especialista concluyó haciendo un llamado urgente a implementar la Gestión Integral del Riesgo en todos los niveles operativos y sociales, un modelo que exige identificar, analizar, evaluar y reducir las amenazas. Lapremisa final de Hernández dejó una reflexión contundente para las autoridades y los cuerpos de rescate: “Lo que no se identifica como un riesgo no se gestiona, y lo que no se gestiona se repite”.
